Aguas Andinas construirá cinco pozos en cada parque, capaces de entregar conjuntamente hasta 1.000 litros de agua por segundo.
El plan considera dos estanques subterráneos de 5.000 metros cúbicos, plantas elevadoras y una red de tuberías que permanecerá principalmente bajo tierra.
Las instalaciones complementarán los megaestanques de Pirque y entrarán en acción frente a sequías, alta turbiedad u otras emergencias que amenacen el suministro de la capital.

Cada septiembre, el Parque O’Higgins se transforma en el corazón de las Fiestas Patrias. Las fondas ocupan sus explanadas, miles de personas recorren sus senderos y la Parada Militar vuelve a instalar al recinto en el centro de la atención nacional. Pero lejos de las ramadas y bajo una zona menos visible del parque, Aguas Andinas prepara una transformación bastante distinta.
La sanitaria construirá cinco pozos de agua subterránea, un estanque enterrado con capacidad para almacenar unos cinco millones de litros y una planta elevadora. Todo estará conectado mediante tuberías y equipos de desinfección que permitirán incorporar el agua a la red cuando sus fuentes habituales enfrenten dificultades.
La compañía replicará el mismo modelo en la Quinta Normal: otros cinco pozos, un segundo estanque de igual tamaño y una nueva planta de bombeo. Los dos proyectos suman una inversión de US$54,16 millones y convertirán a dos de los parques más emblemáticos de Santiago en piezas de la infraestructura de emergencia destinada a reforzar el abastecimiento del sector poniente de la capital.

Agua bajo el Parque O’Higgins
Las obras del Parque O’Higgins se concentrarán en el sector sur, detrás del Santander Arena y al sur de la Elipse, hacia el límite con avenida Rondizzoni. Por lo tanto, no intervendrán directamente la explanada donde se realiza la Parada Militar.
Las cinco captaciones podrán extraer conjuntamente hasta 500 litros por segundo. El agua llegará al estanque subterráneo y desde allí será desinfectada e impulsada hacia la red de distribución.
No será una fuente de uso cotidiano. El complejo permanecerá como respaldo y entrará en operación frente a sequías prolongadas, episodios de alta turbiedad u otras contingencias capaces de interrumpir la producción desde los ríos.
Cinco pozos repartidos por la Quinta Normal
En la Quinta Normal, la red ocupará principalmente la mitad norte y el sector poniente del parque. Dos pozos estarán próximos a calle Santo Domingo, un tercero se ubicará en el borde norponiente y los dos restantes quedarán junto a una de las grandes explanadas interiores.
El estanque y la planta elevadora se construirán en el sector poniente, cerca del Pozo 4. Desde allí saldrá una red de tuberías que recorrerá el parque para conectar las cinco captaciones.
Este segundo complejo también tendrá capacidad para producir hasta 500 litros por segundo. Sumados, los diez pozos podrán aportar hasta 1.000 litros por segundo para enfrentar problemas de suministro en el sector poniente de Santiago.

La amenaza que baja desde la cordillera
Santiago obtiene una parte importante de su agua de los ríos Maipo y Mapocho. El problema aparece cuando las lluvias intensas en la cordillera arrastran barro, piedras y sedimentos, transformando sus cauces en torrentes que las plantas de producción no pueden procesar con normalidad.
Esos episodios de alta turbiedad han puesto varias veces a la capital bajo amenaza de cortes masivos. La respuesta de Aguas Andinas ha sido aumentar la autonomía del sistema: almacenar más agua potable y disponer de fuentes subterráneas capaces de operar cuando los ríos dejan temporalmente de ser una alternativa.
Los nuevos complejos profundizan esa fórmula, pero con una diferencia importante. En lugar de concentrar toda la infraestructura lejos de las zonas de consumo, incorporarán nuevas fuentes de emergencia dentro de la propia ciudad y cerca de las redes que abastecen su zona poniente.
El complemento de los megaestanques de Pirque
Los proyectos del Parque O’Higgins y la Quinta Normal complementarán la mayor reserva hídrica de la capital: los seis megaestanques de Pirque, inaugurados en 2020 después de una inversión de $77.500 millones.
La instalación ocupa una superficie equivalente a 50 canchas de fútbol y puede acumular alrededor de 1.500 millones de litros de agua potable. Su entrada en funcionamiento elevó de 11 a 34 horas la autonomía de Santiago frente a emergencias causadas por la turbiedad del río Maipo.

Pirque funciona como una gigantesca reserva acumulada antes de una contingencia. Los parques tendrán otro papel: sus pozos permitirán extraer agua subterránea durante la emergencia, desinfectarla y enviarla directamente a la red.
Por eso, aunque los dos nuevos estanques almacenarán en conjunto diez millones de litros —una cifra pequeña comparada con Pirque—, la fortaleza del plan estará en la capacidad de extracción de sus diez pozos.
La compañía ya había recurrido a esta fórmula. Una primera fase de su plan de resiliencia incorporó siete pozos y 14 estanques, además de un ducto subterráneo entre el embalse El Yeso y la planta Las Vizcachas. Otra etapa, terminada en 2018, agregó 16 pozos y nueve estanques de agua potable.
Luz verde para avanzar
Aguas Andinas presentó los dos proyectos al Servicio de Evaluación Ambiental en abril. Cada consulta buscaba determinar si las obras debían someterse formalmente al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental.
La ubicación hacía especialmente relevante esa definición. Ambos parques contienen humedales urbanos registrados por el Ministerio del Medio Ambiente y las iniciativas contemplan captaciones subterráneas, estanques, plantas elevadoras y tuberías permanentes.
El organismo resolvió que ninguno de los proyectos necesita ingresar al sistema. La decisión despejó el camino ambiental para una inversión de US$27,85 millones en el Parque O’Higgins y de US$26,31 millones en la Quinta Normal.
Así, dos espacios asociados a las fondas, la Parada Militar, los museos y los paseos familiares tendrán una segunda función que casi nadie podrá observar. Bajo sus áreas verdes, Santiago dispondrá de una nueva línea de defensa para el día en que el agua de la cordillera deje de correr limpia.





