El enólogo jefe de Viña Montes se une al prestigioso ranking británico y comparte su filosofía sobre vinos auténticos y terroir chileno.
El expoerto habla sobre equilibrio, complejidad y la pasión que guía su trabajo en los viñedos. Rrevela cómo la experiencia internacional y la autenticidad en el vino lo llevaron a esta posición.

El enólogo jefe de Viña Montes fue incluido este año en la guía Master Winemaker 100, el prestigioso ranking anual elaborado por la publicación británica The Drinks Business que reconoce a los 100 mejores enólogos del mundo. En conversación con el medio, comparte su visión sobre el equilibrio entre accesibilidad y complejidad, el valor de viajar y el viñedo como refugio personal.
De Santiago al mundo
Nacido y formado en Santiago, Aurelio Montes Jr. dedicó los primeros años de su carrera a recorrer algunas de las regiones vitivinícolas más prestigiosas del mundo. Esa experiencia internacional marcó su mirada. De regreso en Chile, trabajó junto a Felipe Tosso en Viña Ventisquero, antes de integrarse en 2007 al proyecto familiar como director de enología.
Desde la bodega de Apalta impulsó nuevas etiquetas y profundizó en el estudio de sus viñedos en un proyecto de cuatro años junto al especialista en terroir Pedro Parra. En 2011 asumió además la dirección de la operación familiar en Bodega Kaiken, en Argentina. Hoy, aunque reside en Chile, continúa viajando regularmente para supervisar ambos proyectos.

Autenticidad antes que perfección
“Una vez me dijeron que la vida es demasiado corta para beber mal vino”, comenta. Para Montes, un gran vino debe expresar con honestidad su origen: tener identidad propia, ser accesible, pero al mismo tiempo complejo en estructura.
Sobre el rol del enólogo, sostiene que la apertura mental es clave. Conocer en profundidad el terroir es fundamental, pero también lo es viajar, explorar y mantenerse atento a las tendencias globales. “Todo termina reflejándose en la botella”, asegura.
La perfección —dice— es una ilusión. Lo que realmente importa es la autenticidad y la expresión pura del lugar. En esa línea, le gustaría ver consumidores más confiados en sus propios gustos y vinos más honestos, capaces de reflejar la personalidad de quien los crea y la singularidad de su origen.
Parte del sello de su trabajo es la consistencia. Representa a una familia de enólogos de dos generaciones enfocada en comprender el terroir chileno y capturar su esencia en cada etiqueta.

El viñedo como refugio
Mantiene un diálogo constante con sommeliers —a quienes reconoce por su cercanía con el consumidor y las tendencias— y, si no fuera enólogo, asegura que sería fruticultor: el contacto con la naturaleza es irrenunciable.
Tras más de tres décadas trabajando los viñedos familiares, no pide más de lo que ya le han dado. Su próxima ambición es seguir explorando nuevas regiones, dentro y fuera de Chile, convencido de que siempre hay algo más por descubrir.
Si ganara la lotería, apenas ampliaría la bodega. Si tuviera más horas al día, las dedicaría a sus amigos. Y cuando todo se complica, encuentra claridad caminando entre las hileras del viñedo.
¿Su vino para una isla desierta? Un Pinot Noir de Borgoña: fresco, versátil, elegante y siempre sorprendente. “Al menos uno de los dos —dice entre risas— se mantendría elegante”.
Reconocimientos destacados:
Purple Angel 2021 – Masters Global Carménère 2025
Montes Folly 2021 – Masters Global Syrah 2025





