El rendimiento promedio de los bonos a diez años del G7 llegó a 4,285%, su máximo en 18 años.
Estados Unidos y Reino Unido volvieron a registros de 2007, Francia quedó cerca de su marca más alta en 18 años y Japón alcanzó su máximo en tres décadas.
El crédito se encarece en gran parte del planeta, mientras el barril de petróleo supera los US$100 y empuja a los bancos centrales a preparar nuevas alzas.

El costo del dinero volvió este martes a cifras que el planeta no veía desde la crisis financiera de 2008. El aumento de los rendimientos se extendió desde Estados Unidos hasta Europa y Japón, justo cuando el petróleo supera los US$100 y los bancos centrales se preparan para volver a subir sus tasas.
Durante las operaciones de la mañana de este martes, el rendimiento promedio de los bonos a diez años de los países del G7 llegó a 4,285%, su mayor nivel desde mediados de 2008. Aunque la cifra es intradía y puede variar durante el resto de la jornada, ya marca un nuevo punto crítico en el encarecimiento global del crédito.
Además, el promedio aumentó un punto porcentual desde el comienzo de la guerra en Medio Oriente. La escalada comenzó en Estados Unidos, se propagó por Europa y llegó hasta Japón, golpeando simultáneamente a las principales referencias utilizadas para calcular el costo de hipotecas, préstamos empresariales y emisiones de deuda.
Estados Unidos supera el umbral
En Estados Unidos, el bono del Tesoro a diez años alcanzó durante la mañana el 5,041%, su mayor rendimiento desde julio de 2007. A su vez, la referencia a 30 años subió hasta 5,401%, también su registro más alto desde aquel año.
El movimiento ocurrió en la antesala de la decisión que comunicará este miércoles la Reserva Federal. En ese contexto, los contratos financieros asignan una probabilidad superior al 90% a un aumento de un cuarto de punto porcentual, que llevaría la tasa estadounidense desde el actual rango de 3,50%-3,75% hasta 3,75%-4,00%.
Al mismo tiempo, el petróleo sobre US$100 elevó nuevamente las expectativas de inflación y redujo la posibilidad de un alivio monetario. A esa presión se suman el déficit fiscal estadounidense y las grandes emisiones de deuda necesarias para financiar al Gobierno y las inversiones en inteligencia artificial, centros de datos y energía.
La presión se extiende
Sin embargo, la tensión no quedó concentrada en Estados Unidos. Durante la misma jornada, el rendimiento del bono británico a diez años alcanzó aproximadamente 5,45%, su nivel más alto desde 2007.
En Alemania, en tanto, la principal referencia a diez años se situó cerca de 3,55%, un máximo desde 2009. Francia, por su parte, quedó próxima a su registro más elevado en 18 años.
Japón también rompió una barrera. Su bono a diez años superó el 3% y llegó a su mayor rendimiento en tres décadas, mientras los inversionistas esperan que el Banco de Japón vuelva a endurecer su política monetaria.
De esta manera, el avance simultáneo llevó el promedio del G7 a su mayor marca desde mediados de 2008. La medición incorpora las referencias soberanas a diez años de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Alemania, Francia, Italia y Japón.
Estados Unidos podría resistir temporalmente rendimientos superiores al 5% gracias a la fortaleza de su crecimiento. En cambio, otras economías enfrentan el encarecimiento con una actividad más débil y altos niveles de deuda, lo que reduce su capacidad para absorber mayores pagos de intereses sin recortar inversiones o gastos.

Los bancos centrales vuelven a endurecer
El Banco Central Europeo elevó su tasa la semana pasada y el mercado anticipa nuevos aumentos durante los próximos meses. La Reserva Federal podría hacer lo mismo este miércoles y el Banco de Japón tomará su decisión el viernes.
Hasta hace poco, los mercados discutían cuándo comenzarían las reducciones. Ahora, el aumento de la energía y la persistencia de la inflación obligan a evaluar nuevos incrementos.
La presión también llega desde las cuentas fiscales. Los gobiernos necesitan colocar grandes cantidades de deuda para cubrir sus déficits y deben ofrecer mayores rendimientos para atraer compradores.
El problema aumenta a medida que vencen obligaciones antiguas. Los países y empresas que se financiaron a costos bajos deben reemplazar esas deudas por otras más caras, consumiendo recursos que podrían destinarse a inversión, empleo o gasto público.
La alerta comenzó el lunes
Las alarmas se habían encendido el lunes 14 de septiembre. Durante esa jornada, el bono estadounidense a diez años tocó el 5,014%, su mayor rendimiento desde octubre de 2023, y quedó a solo unas centésimas de alcanzar su mayor nivel desde julio de 2007.
RoadShow advirtió entonces que, si superaba aproximadamente el 5,02%, alcanzaría su nivel más alto desde aquel año. Ese límite fue cruzado durante la mañana de este martes, cuando llegó a 5,041%.
En menos de 24 horas, el episodio dejó de estar concentrado en el principal bono estadounidense. Reino Unido, Alemania, Francia y Japón profundizaron sus propios aumentos y llevaron el promedio del G7 hasta una marca que no aparecía desde la Gran Recesión.
El petróleo aceleró el movimiento, pero el problema es más profundo: los gobiernos y las empresas necesitan cantidades crecientes de dinero en un momento en que los inversionistas exigen una rentabilidad cada vez mayor para prestarlo. Esta vez, el encarecimiento está ocurriendo simultáneamente en las principales plazas financieras.





