La operación, cercana a US$263 millones, también incluye una participación en el Open de tenis de la ciudad.
Los cuatro negocios están valorados en más de US$12.500 millones, tras aumentar su precio un 54% en menos de dos años.
El empresario que hizo su fortuna en Asia se suma a un exclusivo círculo de inversionistas vinculados a Alibaba y Xiaomi.

Después de construir una fortuna de US$8.400 millones en los negocios financieros de Asia, Jean Salata puso ahora sus ojos en Miami. El segundo hombre más rico de Chile acordó invertir unos US$263 millones para convertirse en socio de los Dolphins, el Gran Premio de Fórmula 1, el Miami Open de tenis y el Hard Rock Stadium, cuatro negocios deportivos controlados por el multimillonario estadounidense Stephen Ross.
Salata, de 60 años, preside la firma sueca de inversiones EQT AB. Hizo gran parte de su fortuna con Baring Private Equity Asia, compañía que desarrolló desde Hong Kong hasta convertirla en uno de los principales actores del capital privado asiático y que terminó siendo adquirida por EQT en 2022.
Sin embargo, la inversión esta vez corre por cuenta del empresario chileno y no de la firma sueca. Su participación será del 2,1% en los cuatro negocios, valorados conjuntamente en más de US$12.500 millones. Aunque el precio exacto no fue divulgado.
La operación ya recibió el visto bueno del comité financiero de la NFL, pero todavía necesita la aprobación de los propietarios de los equipos de la liga estadounidense de fútbol americano.

El imperio deportivo de Stephen Ross
Stephen Ross, de 86 años, levantó su fortuna en el negocio inmobiliario y entre 2008 y 2009 pagó unos US$1.100 millones por el 95% de los Miami Dolphins y su estadio. Desde entonces, ha transformado aquella inversión en un imperio que trasciende el fútbol americano y cuyos activos siguen aumentando de valor.
Durante agosto pasado reunió sus negocios deportivos bajo Ross Sports & Entertainment (RSE), un grupo dirigido por su yerno, Daniel Sillman. Pero la incorporación de nuevos socios había comenzado bastante antes, con operaciones que muestran hasta dónde ha llegado el interés de los grandes inversionistas por este mercado.
A fines de 2024, Ross vendió participaciones a Ares Management y a los empresarios Joe Tsai y Oliver Weisberg, sobre una valoración de US$8.100 millones. En marzo de este año incorporó a Lin Bin, cofundador del gigante tecnológico chino Xiaomi, quien adquirió el 1% con una valoración que ya alcanzaba los US$12.500 millones.
En menos de dos años, el valor de estos negocios ha crecido más de 54%, mientras Ross continúa sumando multimillonarios a su círculo de socios. Entre ellos figura Joe Tsai, cofundador de Alibaba y propietario de los Brooklyn Nets de la NBA, con quien Salata compartirá ahora inversiones en Miami.

El Mundial y el negocio de los grandes espectáculos
El interés por estos activos no depende únicamente de lo que ocurra con los Dolphins en la cancha. El Hard Rock Stadium se ha convertido en el centro de un complejo que reúne fútbol americano, tenis, automovilismo y grandes espectáculos, con actividades que se extienden durante buena parte del año.
Una demostración reciente fue el Mundial de Fútbol de 2026. El estadio recibió siete partidos que reunieron a 444.100 espectadores, mientras el impacto económico del torneo en el área de Miami había sido proyectado en US$1.300 millones. Aunque esa cifra corresponde a la economía regional y no a los ingresos del recinto, ilustra la magnitud de los acontecimientos que puede albergar.
La Fórmula 1 también ofrece perspectivas de largo plazo. El Gran Premio de Miami, cuyo circuito se extiende alrededor del estadio, tiene asegurada su presencia en el campeonato mundial hasta 2041. Además, sus primeras tres ediciones generaron un impacto económico acumulado superior a US$1.000 millones en el sur de Florida, según la organización.
Aunque Salata no ha explicado públicamente qué busca con esta inversión, el negocio reúne actividades con distintas fuentes de ingresos y una proyección que va mucho más allá de los resultados deportivos. Esa combinación ayuda a entender el creciente interés de las grandes fortunas por participar en equipos profesionales, estadios y competencias internacionales.

La decisión familiar de Stephen Ross
Detrás de las ventas de Ross también hay razones familiares. Según informó el Miami Herald, el empresario busca reducir la carga tributaria que enfrentarían sus dos hijas al heredar su fortuna, sin desprenderse del control de los Dolphins ni del resto de sus negocios deportivos.
Ross, que además utiliza estos activos como respaldo para financiar proyectos inmobiliarios, ha asegurado que recibió ofertas cercanas a US$15.000 millones por su imperio deportivo. Sin embargo, no está dispuesto a venderlo completamente.
Su apuesta es mantener el control familiar y continuar incorporando socios minoritarios. Salata se suma ahora a ese grupo de inversionistas, mientras Ross prepara una sucesión que busca conservar uno de los negocios deportivos más valiosos de Estados Unidos.





