La minera creó Likan Air, una filial que proyecta construir una pista asfaltada de 2.930 metros en plena cordillera, a unos 3.600 metros de altitud.
El recinto privado trasladará personal y suministros, además de apoyar rescates y emergencias en una de las zonas mineras más aisladas del norte de Chile.
Las obras comenzarían durante el primer semestre de 2027, pero antes la compañía busca que el proyecto no ingrese al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental.

Durante más de tres décadas, del antiguo aeródromo La Ola solo quedaron huellas dibujadas sobre el desierto. Ahora Gold Fields, minera sudafricana y una de las principales productoras mundiales de oro, quiere devolverle los aviones a ese remoto punto de la alta cordillera del desierto de Atacama, con una inversión estimada de US$18 millones y una pista de casi tres kilómetros.
Likan Air desarrollará el proyecto. Gold Fields Pedernales creó esta filial en abril de 2026 y controla la totalidad de su propiedad. La compañía planea levantar un recinto privado para trasladar trabajadores, suministros y carga menor, además de atender rescates y emergencias en una zona donde las distancias y el clima dificultan los viajes terrestres.
Likan Air presentó la iniciativa ante el Servicio de Evaluación Ambiental el 21 de septiembre. La compañía espera iniciar las obras durante el primer semestre de 2027 y comenzar las operaciones antes de que concluya ese mismo año, después de aproximadamente 11 meses de construcción.
Una pista en plena cordillera
Una pista asfaltada de 2.930 metros de largo y 30 metros de ancho, situada a unos 3.600 metros sobre el nivel del mar, constituirá el elemento central del proyecto. El diseño también contempla una calle de rodaje, una plataforma para estacionar aeronaves y amplias zonas de seguridad.
El recinto ocupará 75 hectáreas cercadas. Además, contará con un terminal de pasajeros, un edificio para los equipos de rescate y combate de incendios, estacionamientos, caminos interiores, estanques de agua, una subestación eléctrica, paneles solares y equipos diésel para generar energía.
La Ola no funcionará como un aeropuerto abierto al público. Los documentos lo describen como un “nodo logístico cerrado”, destinado a vuelos nacionales y operaciones corporativas. Operará normalmente durante el día, no tendrá servicios de aduana ni control migratorio y tampoco almacenará combustible para abastecer aeronaves.
En sus jornadas de mayor actividad, el aeródromo podría movilizar hasta 720 personas, según la capacidad que la empresa contempló para sus sistemas sanitarios. La presentación no precisa cuántos vuelos recibiría, qué modelos de avión utilizarían la pista ni con qué frecuencia viajarían esos pasajeros.

El regreso de La Ola
El lugar tiene una historia ligada a la minería. En 1988, la Dirección General de Aeronáutica Civil autorizó el funcionamiento de un aeródromo privado administrado por Anglo American, que operaba dos pistas cruzadas para apoyar sus exploraciones y abastecer campamentos cordilleranos.
La Dirección General de Aeronáutica Civil derogó la autorización en mayo de 1993. Con el paso de los años, las instalaciones desaparecieron y las pistas perdieron completamente su capacidad para recibir aeronaves. Actualmente, solo quedan sobre el terreno las huellas de las antiguas pistas.
Aunque Gold Fields bautizó la iniciativa como “Reactivación Aeródromo La Ola”, ante la autoridad ambiental sostiene que se trata de un proyecto completamente nuevo. La futura pista tendrá un trazado diferente, la empresa no reutilizará ninguna construcción anterior y deberá levantar todas las instalaciones desde cero.
Gold Fields creó Likan Air para desarrollar y operar el nuevo aeródromo. Gabriel Fuenzalida, gerente senior de Desempeño y Cumplimiento Ambiental de Gold Fields y representante de la filial, encabezó la presentación ambiental.
La discusión ambiental
Antes de comenzar las obras, la minera quiere despejar una cuestión relevante. Likan Air solicitó al Servicio de Evaluación Ambiental que determine que el proyecto no necesita ingresar al sistema de evaluación.
Su principal argumento sostiene que la legislación exige evaluar los aeropuertos públicos habilitados para vuelos internacionales, mientras que La Ola funcionará como un aeródromo privado destinado exclusivamente a operaciones nacionales. La autoridad todavía debe tomar una decisión.
El proyecto ocupará parcialmente terrenos del sitio prioritario Salar de Pedernales y sus alrededores, una extensa superficie reconocida por su biodiversidad. La empresa sostiene que el recinto abarcará apenas el 0,022% de esa zona y que el humedal más cercano se encuentra a más de 3,5 kilómetros de la futura pista.
Según los cálculos de la empresa, el ruido alcanzaría el umbral considerado capaz de perturbar a la fauna dentro de un radio máximo de 180 metros alrededor de la pista, lejos de los humedales situados a más de 3,5 kilómetros. La compañía también asegura que las obras no intervendrán cauces ni escurrimientos de agua.

Un nuevo eje minero
Durante la construcción trabajarían hasta 102 personas, con un promedio de 71. Cuando el aeródromo comience a operar, tendrá una dotación habitual mucho menor: un administrador, cuatro especialistas en seguridad y combate de incendios y una persona encargada del aseo y la mantención. En momentos de mayor actividad podría emplear hasta 20 trabajadores.
La ubicación deja a La Ola en medio de una zona que concentra importantes inversiones mineras. Gold Fields opera Salares Norte, su mina de oro y plata, y desarrolla Horizonte, un proyecto de exploración situado al este del Salar de Pedernales.
A unos 42 kilómetros por camino también se encuentra el salar donde Codelco impulsa una exploración de litio por US$12 millones. Gold Fields no participa en esa iniciativa y los antecedentes no señalan que el aeródromo vaya a atenderla, pero la cercanía muestra el valor logístico que podría adquirir la pista para la actividad minera cordillerana.
La propia presentación señala que La Ola busca atender “futuros proyectos” y servir a “diversos actores del territorio”. Si obtiene los permisos, Gold Fields no solo recuperará una ruta aérea perdida hace 33 años: instalará una nueva puerta de entrada a uno de los distritos mineros más aislados del desierto de Atacama.





