
El 28 de julio, el Banco Central (BC) mantuvo la tasa en 4,5% porque le preocupaba el petróleo. Nueve días después, el INE informó que en julio la gasolina bajó 8,5%, el diésel 13,5% y la inflación anual cayó de 4,3% a 3,5%. El shock que justificó la pausa terminó revirtiéndose. Lo que queda es una tasa alta por inercia y el 8 de septiembre corresponde evaluar una reducción de 25 puntos base.
Los números de esta semana no dejan mucho margen de interpretación. El IPC de julio subió 0,1% mensual y acumula 2,9% en el año. La inflación a doce meses quedó en 3,5% y va camino a la meta. La subyacente, que era el dato que de verdad inquietaba al Consejo, cerró junio en 3,4% y las expectativas a dos años están en 3%, tanto en la Encuesta de Expectativas Económicas como en la de Operadores Financieros. Pocos en el mercado creen que Chile tiene un problema inflacionario.
El colchón del cobre
La objeción evidente es cambiaria: si el BC recorta la tasa mientras la Reserva Federal mantiene un tono duro, el peso se deprecia y la inflación vuelve por la puerta de las importaciones. Ahí entra en juego el cobre. Esta semana, el metal marcó un máximo histórico por sobre los US$6,5 la libra y el promedio de 2026 va en US$5,97, casi 39% más que hace un año. El principal soporte del peso chileno depende menos del diferencial de tasas que del precio del cobre y hoy está en el mejor nivel de su historia. Es difícil imaginar un momento con más colchón para recortar la tasa que este.
El argumento decisivo, en todo caso, es la actividad económico. El Imacec de junio creció 2,4%, rompiendo la racha de cinco meses de valores negativos, y en La Moneda se habló de un punto de inflexión. Conviene abrir la cifra: la minería creció 9,8% y el Imacec no minero, apenas 1,4%. El primer semestre cerró con una caída acumulada de 0,2%.
El desempleo está en 9,4%, con 42 meses consecutivos en 8% o más y una informalidad de 27%. El cobre “produce dólares”, no puestos de trabajo. La economía donde trabajan los chilenos lleva un año complejo y viene de cinco meses consecutivos de caída. Sobre esa economía, la tasa está en 4,5%, por encima del 4,25% que el propio Banco Central fijó como punto medio de su rango neutral en el IPoM de diciembre.
Un recorte acotado
Lo que corresponde es hacer un ajuste limitado. El Banco Central debería recortar solo 25 puntos base el 8 de septiembre, dejando la TPM en 4,25%, y otros 25 en octubre para llegar a 4%. No es un estímulo agresivo, sino dejar de frenar una economía que no está creciendo.
Para que el mercado no lea el movimiento como un abandono de la meta, hay que condicionar la reducción de la tasa. Si la inflación subyacente supera el 3,5% durante dos meses seguidos o las expectativas a dos años se desanclan del 3%, el ciclo se suspende. Regla explícita, no adivinanza reunión a reunión.
En definitiva, el petróleo está moderando su alza y el cobre nunca ha tenido un precio tan alto. Si con esas dos condiciones juntas no se puede bajar la tasa, uno se pregunta cuándo se va a poder.
Por William Díaz, economista y MBA.
Más análisis y opinión en RoadShow®:





