El banco central de Estados Unidos elevó la tasa en 0,25 puntos porcentuales, hasta un rango de 3,75% a 4%, para contener una inflación que se resiste a bajar.
El aumento fue aprobado por unanimidad, apenas siete semanas después de que tres integrantes de la Reserva Federal quedaran en minoría al pedir exactamente la misma medida.
Dieciséis de las 18 autoridades que entregaron sus proyecciones esperan al menos otra subida durante 2026, una señal que puede fortalecer al dólar y encarecer el financiamiento para Chile.

La Reserva Federal de Estados Unidos (FED) subió este miércoles las tasas por primera vez desde julio de 2023 y anticipó que probablemente volverá a hacerlo antes de diciembre. El banco central de la mayor economía del mundo elevó el costo del dinero hasta un rango de 3,75% a 4%, ante una inflación que permanece lejos de su meta y ahora también recibe el impulso del petróleo sobre los US$100 por barril.
La decisión marca un giro completo respecto de lo ocurrido en julio. En aquella reunión, nueve integrantes votaron por mantener la tasa y solo tres querían aumentarla. Esta vez, los 12 miembros del comité encargado de fijar los intereses apoyaron el incremento de 0,25 puntos porcentuales.
El cambio refleja la rapidez con que empeoró la preocupación por los precios. Lo que hace menos de dos meses era la posición de una minoría pasó a convertirse en una decisión unánime.
“La inflación permanece elevada”, sostuvo la FED en un comunicado breve y directo. Luego agregó una frase que despejó cualquier duda sobre su prioridad: “El Comité entregará estabilidad de precios”.
Otra subida durante 2026
Más que el aumento anunciado, la principal señal estuvo en las proyecciones para los próximos meses.
16 de las 18 autoridades que participaron en las estimaciones esperan que la tasa termine 2026 por encima de su nivel actual. Doce proyectan otro aumento de 0,25 puntos porcentuales, mientras cuatro anticipan un ajuste todavía mayor. Solo dos consideran suficiente la decisión adoptada este miércoles.
La estimación central de la FED sitúa la tasa en torno a 4,1% al cierre de 2026, frente al 3,8% que esperaba en junio. El organismo tampoco proyecta rebajas durante 2027: calcula que el costo del dinero terminará ese año prácticamente en el mismo nivel.
La explicación está en una economía que continúa creciendo a pesar de los intereses elevados. El consumo se mantiene firme, las empresas siguen invirtiendo, la productividad avanza y el desempleo permanece en 4,1%.
En otras palabras, la economía estadounidense todavía parece capaz de soportar tasas más altas. Esa fortaleza entrega a la FED espacio para concentrarse en los precios sin provocar, al menos por ahora, un deterioro importante del empleo.
La inflación posterga el alivio
La Reserva Federal espera que la inflación llegue a 3,7% al cierre de 2026, una décima más de lo calculado en junio y todavía muy lejos de su meta de 2%.
La inflación subyacente —que excluye alimentos y energía porque sus precios suelen registrar variaciones mayores— alcanzaría 3,4% este año. También supera en una décima la proyección anterior.
El retorno a la normalidad será lento. La FED estima que la inflación general bajará a 2,3% durante 2027 y a 2,1% en 2028. Recién en 2029 alcanzaría el objetivo de 2%.
El aumento del petróleo provocado por el conflicto en Medio Oriente agregó una nueva presión sobre los precios de los combustibles, el transporte y la producción. Sin embargo, el problema ya no se limita a la energía. El gasto de los hogares y la inversión de las empresas continúan sosteniendo la demanda dentro de Estados Unidos.
La FED tampoco espera un frenazo de la actividad. Al contrario, elevó desde 2,2% hasta 2,3% su proyección de crecimiento para este año y redujo desde 4,3% hasta 4,1% su cálculo de desempleo.

El primer movimiento de Warsh
Eñ alza fue además la primera decisión sobre las tasas adoptada bajo la presidencia de Kevin Warsh, quien asumió en mayo en reemplazo de Jerome Powell.
Donald Trump lo eligió esperando un banco central más dispuesto a reducir los intereses. Warsh comenzó su gestión haciendo exactamente lo contrario: aprobó un aumento y respaldó una trayectoria que contempla, al menos, otra subida antes de fin de año.
El giro ocurre cuando faltan pocas semanas para las elecciones legislativas estadounidenses y el costo de la vida se convirtió en una de las principales preocupaciones de los votantes.
La decisión no sorprendió a los mercados, que ya habían incorporado el aumento en sus cálculos. Sin embargo, la unanimidad y las nuevas proyecciones entregaron una señal más dura de lo previsto: la FED está dispuesta a mantener los intereses elevados mientras no vea una caída convincente de la inflación.
Después del anuncio, el dólar se fortaleció y el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a dos años —muy sensible a las expectativas sobre las tasas— subió hasta acercarse a 4,7%. Las principales bolsas, en cambio, registraron movimientos moderados.
Por qué importa para Chile
El cambio de rumbo de la FED prolonga un escenario financiero difícil para Chile. Las tasas estadounidenses sirven como referencia para buena parte del crédito y las inversiones en el mundo.
Cuando Estados Unidos ofrece intereses más altos, aumenta el atractivo de mantener el dinero en dólares. Eso puede fortalecer a la moneda estadounidense frente al peso chileno y a las divisas de otros países emergentes.
Si el dólar permanece alto, podría agregar presión sobre los precios de los combustibles y otros productos importados en Chile. También reduciría el espacio del Banco Central para recortar su propia tasa con mayor rapidez, especialmente si reaparecen señales de inflación.
El efecto alcanza además a las empresas y al Estado. Con los bonos del Tesoro pagando retornos elevados, quienes buscan financiamiento desde Chile deben ofrecer intereses mayores para atraer inversionistas. Eso encarece las nuevas emisiones de bonos y el refinanciamiento de las deudas.
La subida de este miércoles no significa que todos esos efectos ocurrirán automáticamente. El comportamiento del dólar, el petróleo y los mercados durante los próximos meses será determinante. Pero la señal central es clara: el dinero barato que los inversionistas esperaban a comienzos de año seguirá sin llegar.
La FED celebrará sus próximas reuniones a fines de octubre y en diciembre. Si la inflación no muestra una desaceleración clara, la segunda subida podría llegar en la última reunión del año.





