Una de las revistas de viajes más prestigiosas de Estados Unidos destacó esta semana el Cruce Andino como una de las experiencias más memorables de la Patagonia.
La ruta une Puerto Varas con Bariloche mediante tres navegaciones, caminos de montaña y dos parques nacionales.
Detrás del recorrido está Empresas Andina del Sud, compañía chilena que inició esta travesía turística en 1913.

¿Cruzar la cordillera de los Andes en barco? Aunque parezca improbable, esa experiencia existe desde hace más de un siglo entre Chile y Argentina. Tres lagos, caminos de montaña, bosques nativos, aguas color esmeralda y dos parques nacionales convierten esta travesía en una de las formas más singulares de atravesar la Patagonia.
En una época en que la mayoría de los viajes busca llegar lo antes posible al destino, el Cruce Andino propone exactamente lo contrario: que el trayecto sea el verdadero protagonista. Esta semana, una de las revistas de viajes más prestigiosas de Estados Unidos volvió a poner la ruta bajo los reflectores internacionales al destacar esta experiencia turística que une Chile y Argentina.
Tres lagos, dos países y una cordillera
La travesía comienza en Puerto Varas rumbo a Petrohué, bordeando el lago Llanquihue. Allí espera la primera embarcación para navegar el Lago Todos los Santos, un escenario dominado por bosques nativos, montañas, antiguos flujos de lava y las aguas color esmeralda que caracterizan a este rincón del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales.
Desde la villa cordillerana de Peulla, el viaje continúa por tierra hasta cruzar el histórico Paso Vicente Pérez Rosales e ingresar a Argentina. Luego siguen una navegación por el Lago Frías, un breve trayecto terrestre hasta Puerto Blest y un último recorrido por el Lago Nahuel Huapi antes de llegar a Bariloche.
Más que un traslado, el recorrido enlaza tres lagos y distintos medios de transporte para atravesar la Cordillera de los Andes en un circuito que cruza dos parques nacionales y algunos de los paisajes más sobrecogedores del sur de Sudamérica.
La periodista de Travel + Leisure relata que esperaba un largo traslado entre ambos países. Sin embargo, terminó descubriendo que el propio recorrido se transformó en uno de los momentos más memorables de su viaje por la Patagonia.

Una historia que comenzó hace 113 años
Aunque hoy es reconocido como uno de los circuitos turísticos más singulares del Cono Sur, sus orígenes se remontan a comienzos del siglo XX.
Según la historia de Empresas Andina del Sud, el recorrido turístico nació en 1913, cuando Ricardo Roth organizó el cruce de los primeros viajeros por esta ruta cordillerana. Ese hito marcó el inicio de una compañía que hoy se presenta como la empresa turística más antigua de Chile.
Con el paso de las décadas, la firma fue desarrollando la infraestructura necesaria para consolidar el circuito y mantener viva una travesía que une ambos lados de la cordillera. En la actualidad, el Cruce Andino continúa siendo operado por Empresas Andina del Sud mediante sus filiales Turistour, en Chile, y Turisur, en Argentina.

Mucho más que un simple viaje
El Cruce Andino no fue concebido como un medio rápido para cruzar una frontera. Su atractivo radica precisamente en recorrer paisajes que difícilmente pueden apreciarse desde una carretera o desde un avión.
Durante el trayecto aparecen bosques templados lluviosos, lagos de origen glaciar, montañas, cascadas y extensas áreas protegidas que forman parte del patrimonio natural compartido entre Chile y Argentina. Dependiendo de la época del año y de las condiciones del parque, el recorrido también permite visitar los Saltos del Petrohué.
A diferencia de otros pasos internacionales, aquí el viaje se construye alternando embarcaciones y recorridos terrestres, una combinación que transforma el traslado en una experiencia en sí misma.
Un reconocimiento que vuelve a mirar al sur de Chile
El reciente reconocimiento de Travel + Leisure vuelve a situar al Cruce Andino entre las experiencias turísticas más atractivas de la Patagonia, más de un siglo después de que los primeros viajeros recorrieran esta ruta.
En tiempos donde el turismo privilegia la velocidad y la inmediatez, esta travesía demuestra que todavía existen lugares donde el mayor atractivo no está en llegar al destino, sino en disfrutar cada kilómetro del camino. Cruzar la Cordillera de los Andes navegando entre lagos sigue siendo, más de cien años después, una experiencia difícil de encontrar en cualquier otro lugar del mundo.
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