Entre planos, cálculos e imágenes hasta ahora desconocidas, apareció una estructura iluminada que busca cambiar la silueta de la capital de Aysén.
El lugar escogido está en medio del bosque del Parque Urbano, donde cada año se realiza la Expo Patagonia. Desde allí, un recorrido ascendente promete descubrir Coyhaique desde una perspectiva que hoy no existe.
La iniciativa forma parte de los proyectos con que la ciudad prepara su centenario. Para darle identidad, los arquitectos buscaron inspiración en una antigua tradición del territorio austral.

Coyhaique quiere levantar en medio del bosque una torre mirador de 56 metros, concebida para convertirse en un nuevo hito turístico de la Patagonia. La estructura tendrá 20 niveles y un recorrido de rampas alrededor de un ascensor panorámico que llevará a los visitantes desde el interior del Parque Urbano hasta una terraza abierta sobre la ciudad, el valle y las montañas.
El proyecto forma parte de las iniciativas con que la capital de Aysén se prepara para conmemorar sus primeros cien años, en 2029. Su desarrollo considera una inversión estimada de casi US$5 millones y busca sumar una nueva postal a uno de los principales destinos turísticos del sur de Chile.
Un gran telar iluminado
En las imágenes elaboradas por D-Heen Arquitectos, la torre aparece como una estructura cilíndrica y transparente. Durante el día, sus anillos se mezclan con los troncos y las ramas. Por la noche, un núcleo vertical encendido atraviesa el edificio y lo transforma en una señal luminosa sobre el parque.
La forma tiene un origen preciso. Los arquitectos tomaron como referencia el witral, nombre mapuche del telar vertical, y trasladaron su trama a un sistema capaz de sostener el edificio y darle una identidad reconocible.
La estructura principal estará formada por 48 pilares metálicos distribuidos alrededor de una planta circular. Una sucesión de anillos horizontales ordenará los distintos niveles, mientras una red de cables tensados envolverá la torre. En su interior, las rampas y plataformas de madera laminada se desarrollarán alrededor del ascensor panorámico.
La propuesta fue denominada “Torre Witral”. Sus pilares representan la urdimbre; los anillos, plataformas y tensores forman la trama. El resultado será una especie de gran tejido vertical levantado en medio del paisaje patagónico.

Veinte niveles para descubrir la ciudad
El recorrido comenzará en una plaza ubicada bajo el acceso principal. Desde allí, una pasarela conectará la torre con los senderos del Parque Urbano y conducirá hacia un paseo circular que permitirá observar la estructura completa antes de iniciar el ascenso.
Las rampas recorrerán 20 niveles y tendrán seis paradas principales, con balcones orientados hacia el interior y el exterior. La experiencia no estará concentrada únicamente en la cima: cada tramo ofrecerá una relación distinta con el bosque y el paisaje.
En los primeros niveles, la vista quedará encerrada entre los troncos. Más arriba aparecerán las copas de los árboles. Solo al final se abrirá la panorámica hacia Coyhaique, el valle, el cordón Divisadero y las montañas que rodean la capital regional.
A 56 metros sobre la plaza estará el mirador superior, una plataforma con vista en 360 grados. El proyecto tendrá 1.174 metros cuadrados construidos y capacidad para recibir simultáneamente a 200 personas.
Las rampas, pasarelas y el ascensor permitirán que personas con movilidad reducida, adultos mayores, niños y familias completen el mismo circuito. La accesibilidad universal, según la memoria técnica, no fue pensada como un recorrido paralelo, sino como parte central de la experiencia.
En el bosque de la Expo Patagonia
La torre se emplazará en el sector Escuela Agrícola, dentro del Parque Urbano de Coyhaique, el recinto municipal donde cada año se realiza la Expo Patagonia. El terreno posee una superficie cercana a 30 hectáreas, aunque la intervención directa ocupará poco más de 3.267 metros cuadrados.
El lugar escogido está cubierto principalmente por pinos introducidos de entre 15 y 20 metros. También existen senderos peatonales y un camino secundario que permitirá conectar el mirador con las circulaciones interiores del parque.
Parte de esos árboles deberá ser retirada para instalar la torre, su plaza y los accesos. La propuesta considera acompañar la corta con un plan de manejo y avanzar progresivamente en el reemplazo de las coníferas por especies nativas de la Región de Aysén.
En la base se proyecta además un espejo de agua y un espacio denominado Plaza Selk’nam, inspirado en las pinturas corporales ceremoniales de ese pueblo originario. Será un lugar de permanencia y encuentro que extenderá el recorrido más allá del edificio.

Diseñada para el clima de Coyhaique
Levantar una estructura abierta en Coyhaique obliga a pensar no solo en su apariencia. La torre deberá enfrentar lluvia, nieve, humedad, bajas temperaturas, fuertes vientos y ciclos de congelamiento y deshielo.
El diseño combina acero estructural pintado de negro mate, cables galvanizados y madera laminada. Las rampas estarán formadas por piezas modulares que podrán sustituirse por separado si sufren desgaste, sin intervenir grandes secciones del recorrido.
Las barandas incorporarán una malla de cables destinada a impedir caídas sin cerrar las vistas. El sistema busca mantener la transparencia del conjunto y, al mismo tiempo, responder a las exigencias de seguridad de una infraestructura abierta al público.
Su funcionamiento también cambiará con las estaciones. La mayor afluencia se concentraría durante la primavera y el verano, mientras que la operación invernal dependerá de la nieve, la presencia de hielo, el viento y las condiciones de los accesos.

Una obra para el centenario
La iniciativa nació dentro del Plan Centenario impulsado por la Municipalidad de Coyhaique. La ciudad fue fundada en 1929 y busca llegar a sus cien años con nuevas obras públicas y espacios capaces de reforzar su identidad.
Entre las iniciativas elegidas para marcar ese aniversario apareció la torre mirador, concebida no solo como un punto elevado de observación, sino como una nueva imagen para la ciudad y un atractivo capaz de ampliar su oferta turística.
El diseño quedó en manos de D-Heen Arquitectos, oficina encabezada por Jorge Heen Monreal. Los antecedentes del proyecto calculan una inversión de $4.500 millones, equivalentes a aproximadamente US$4,93 millones.
Esa cifra corresponde todavía a una estimación. El monto definitivo dependerá de la ingeniería, las especialidades y las condiciones que surjan durante su tramitación.
Lo que falta antes de construirla
El proyecto inició una de sus primeras revisiones administrativas con la presentación de una consulta de pertinencia ante el Servicio de Evaluación Ambiental. El procedimiento deberá determinar si, por sus características, la torre está obligada a ingresar formalmente al Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental.
La superficie construida y su capacidad están por debajo de algunos de los umbrales establecidos para proyectos turísticos. Sin embargo, el predio completo alcanza casi 30 hectáreas y supera ampliamente el límite de 15.000 metros cuadrados contemplado en esa tipología. Será el SEA el que deberá determinar qué superficie corresponde considerar.
El terreno, además, está ubicado en una zona rural. Antes de transformarse en una obra, la propuesta deberá completar su ingeniería estructural, la mecánica de suelos y los permisos que correspondan.
Hasta entonces, la torre permanecerá en los planos: una estructura iluminada sobre el bosque que imagina cómo podría observarse Coyhaique al comenzar su segundo siglo.
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