La Universidad Santo Tomás y los pescadores artesanales de Punta Arenas trabajarán en los ríos Blanco y García, en la comuna de Timaukel.
El plan cuenta con $227,7 millones aportados por una agencia estatal para incubar truchas fario y arcoíris y seguirlas después de su liberación.
En esas aguas, los aficionados deben devolver sus capturas: la emoción del encuentro termina con el pez de regreso a la corriente.

Hay pescadores que cruzan el estrecho de Magallanes para pasar una semana pendientes de una mosca y del instante en que una trucha rompe la superficie. En Tierra del Fuego, el paisaje y el desafío hacen que ese viaje pueda costar casi US$7.000 por persona. Ahora, una agrupación de pescadores artesanales y un grupo de científicos buscan darle un nuevo impulso a esta experiencia con un plan para repoblar dos ríos de la isla.
El plan se concentrará en los ríos Blanco y García, en la comuna de Timaukel. La Universidad Santo Tomás y los pescadores artesanales de Barranco Amarillo en Punta Arenas incubarán huevos de truchas en Punta Arenas y liberarán después ovas embrionadas o peces jóvenes en sus aguas de origen. Con ese procedimiento buscan mejorar la supervivencia de los ejemplares durante sus primeras etapas de vida.
El Estado financiará el trabajo con $227,7 millones a través de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), del Ministerio de Ciencia, Tecnología. La investigación contempla dos años de trabajo, con seguimiento de los peces liberados para evaluar el resultado de la repoblación.
Una semana junto al agua
La pesca en Tierra del Fuego tiene un lugar en los catálogos internacionales de viajes especializados. Fly Water Travel publica para la temporada 2026–2027 un programa en Trout Land Tierra del Fuego Lodge, cerca de Lago Blanco, por US$6.990 por persona. Incluye siete noches en habitación individual, seis días de pesca, comidas, equipos, licencia y un guía por cada dos pescadores. Los pasajes aéreos se pagan aparte.

El lodge recibe hasta ocho pescadores y, según el operador, dispone de más de quince lugares de pesca entre ríos, lagos y lagunas. Cada noche, los huéspedes y el encargado eligen dónde ir al día siguiente, según sus intereses y el pronóstico del tiempo. La conversación sobre el próximo destino también forma parte del viaje.
Para quien practica la pesca con mosca, observar la corriente es parte de la búsqueda. Hay que escoger una imitación del alimento de las truchas y lograr que pase por donde podrían tomarla. El pescador observa el recorrido del señuelo y ajusta el siguiente lanzamiento. Una jornada puede transcurrir entre esas pequeñas decisiones, hasta que la línea se tensa.
De la caleta a Tierra del Fuego
El procedimiento comienza con la captura temporal de reproductores de trucha fario y arcoíris, dos especies introducidas que ya habitan el Blanco y el García. Los trasladarán a Caleta Barranco Amarillo para obtener y fecundar sus huevos. Allí los incubarán bajo condiciones controladas, antes de liberar ovas embrionadas o peces jóvenes en los ríos de origen.
La Corporación de Pescadores Artesanales y Armadores Barranco Amarillo estará a cargo de la incubación experimental en sus dependencias. Sus integrantes aprenderán técnicas de cultivo y manejo de peces para ampliar sus actividades. La colaboración con la Universidad Santo Tomás recoge un trabajo de 2023 sobre pesca recreativa en Lago Blanco, del que surgió un manual de gestión.

Durante los dos años de ejecución, la meta es obtener hasta 40.000 huevos fecundados y liberar aproximadamente 20.000 alevines, las truchas en sus primeras etapas de vida. Las cifras corresponden al conjunto de ambos ríos y especies. Los científicos marcarán ejemplares para comprobar cuántos sobreviven después de la liberación y evaluar si el método ayuda a superar esa etapa.
La agrupación presentó el proyecto al Servicio de Evaluación Ambiental (SEA), que el 23 de septiembre resolvió que no debe ingresar al sistema de evaluación, dadas su escala experimental y las características descritas. El trabajo requiere además los permisos sectoriales, y la captura de reproductores se tramita como pesca de investigación.
Después de la captura
Para los aficionados, la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura (Subpesca) estableció la devolución obligatoria en el Blanco y el García, además del río Grande y los lagos Deseado y Despreciado. Esta medida rige por cinco años desde julio de 2025 y exige señuelos artificiales con un anzuelo simple sin rebarba.
En esos lugares, conseguir una trucha incluye devolverla al agua. Para el pescador queda el recuerdo de dónde tomó la mosca, de cómo respondió al lanzamiento y de la tensión en la línea. Después puede cambiar de lugar o probar otra vez en la misma corriente.





